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En esta ocasión hemos incluido un resumen
de la historia de la cosmetología, lo que puede ser muy útil, sobre
todo para los estudiantes.
Los orígenes de la estética
se remontan a la prehistoria. Los productos de que disponía la mujer
de ese tiempo se limitaban, prácticamente, a la arcilla, tierras
de distintos pigmentos colorantes o toscos productos elaborados
a partir de grasas animales. El afeite más antiguo que se conoce
estaba compuesto de sulfuro de antimonio.
En la Biblia encontramos las primeras referencias escritas de la
belleza en la antigüedad. Dice así: "Jezabel adornó su cutis
con afeites para seducir a Jehú y para hablarle con mayores poderes
de seducción". Otro ejemplo es el de Ester, reina de Babilonia
quien embellecía con afeites sus maravillosos ojos, hasta ser considerada
la mujer con los ojos más bellos que nunca existió.
En Egipto la belleza era casi un culto, los ritos funerarios incluían
el dejar junto al difunto una serie de objetos entre los que se
encontraban peines de marfil, cremas, negro para los ojos, polvo,
etc., dentro de pequeños recipientes en los que estaban grabadas
las instrucciones para su uso.
Especial Atención merecían el cabello, la piel y los ojos. El cabello
se teñía con henna, o bien se rasuraba completamente para facilitar
los continuos cambios de pelucas, sumamente sofisticadas. Con ungüentos,
afeites y baños perfumados o de leche cuidaban de mantener una piel
tersa y extremadamente suave. Los ojos se remarcaban en negro, engrandeciendo
y suavizando su forma natural. El carmín de los labios, el blanco
para restar viveza a la cara, el rojo-naranja para las mejillas,
eran productos extraídos de plantas y arbustos. Usaban antimonio
para cambiar el color de los párpados en azul y verde, realzando
así más las pestañas.
Grecia fue la civilización de la belleza, es así como Apolonio,
en uno de sus libros, explica que "en Atenas no hay mujeres
viejas ni feas". La mayor atención la prestaban al cuidado
del cuerpo. Los cánones de belleza griega no toleraban ni la grasa
ni los senos voluminosos. Eran fanáticos de los baños, siempre realizaban
ejercicios antes y usaban agua fría. También los masajes tenían
un papel importante ya que lograban que en el cuerpo no hubiera
rastro alguno de grasa y que se mantuviera la figura grácil y la
piel tersa. Usaban todo tipo de aceites, que se extraían de flores
distintas, el cabello se cuidaba con tintes de extractos naturales.
El maquillaje se basaba en el color negro y azul para los ojos,
coloreaban sus mejillas con carmín y los labios y las uñas se pintaban
de un único tono. Se consideraba que el color de la piel de la cara
debía ser pálido, ya que era reflejo inequívoco de pasión.
En el imperio romano la estética constituyó una auténtica obsesión.
Tanto hombres como mujeres se depilaban, peinaban y maquillaban
por igual, debido a las conquistas territoriales romanas la belleza
siempre estuvo bajo diversas influencias, como por ejemplo, cuando
Julio Cesar conquisto tierras germanas, las esclavas eran blancas
y rubias, esto desato una locura de las romanas por ser también
rubias y blancas. Los baños termales eran muy populares llegando
a 900 solo en Roma. Durante los primeros siglos de la Edad Media
los nobles no descuidaban la higiene personal. En las ciudades los
baños públicos eran visitados con frecuencia por éstos, mientras
que en los castillos las damas se bañaban en agua fría perfumada
con hierbas aromáticas. Pero a medida que la Edad Media avanza,
estas costumbres se van olvidando. Los perfumes de fuerte olor sustituirán
poco a poco a la más mínima higiene corporal.
En el Renacimiento se crea el primer gran laboratorio de productos
cosméticos y medicinales. El ideal de belleza consistía en tener
un cuerpo de formas muy curvadas, la frente alta y despejada, sin
apenas cejas y la piel blanquecina. Se escribieron los primeros
tratados de belleza y se instalo el primer instituto de belleza,
a pesar de todo esto, la higiene dejaba mucho que desear, solo lavaban
sus manos una vez por semana y se peinaban a lo lejos.
El siglo XVIII, los labios tenían forma de corazón pequeño, se usaban
pelucas extravagantes y empolvadas, mejillas enrojecidas con exceso
de colorete, polvos en cuello y hombros, con lunares en cara y espalda.
La época dorada de la cosmética se inicia en este siglo con las
más sofisticadas cremas, esencias y aguas. A pesar que la higiene
personal va aumentando poco a poco, los perfumes continúan siendo
imprescindibles para disimular los malos olores.
Llega luego el Romanticismo y con él la languidez, los aires desvalidos,
los talles ceñidos y las minúsculas cinturas. Las pelucas desaparecen
temporalmente para dar paso a bucles realizados en las peluquerías.
En la India hasta el día de hoy los niños se pintan los ojos con
kohol por sus poderes desinfectantes y también se usan las flores
y el azafrán en diferentes productos de belleza y en ritos religiosos.
En China los cánones estéticos se basaban en una mujer delicadamente
maquillada y con un cutis cuidado al máximo. El maquillaje consistía
en finos polvos de color rozado, rojo o anaranjado y los ojos se
subrayaban con bastoncillos untados en tinta china. Se usaban cremas
elaboradas con pulpas de frutas, aceites de té o grasas animales,
los perfumes provenían de flores.
En Japón se recogieron muchas de las costumbres chinas para el cuidado
de la piel y el cabello.
Actualmente la estética tiene carácter científico y desde la limpieza
de cutis con aplicaciones de rayos ultravioleta o vapores de ozono,
la incorporación del rayo láser para muchos tratamientos, o los
tratamientos anticelulíticos con alta tecnología, vemos cómo en
la Estética actual y prácticamente en todos los terrenos se hace
imprescindible la aplicación de técnicas científicas de primer orden.
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